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Las Empresas Ahora Compiten Contra la Felicidad de los Candidatos

Por Carolina Borracchia para la Redacción de IProfesional


En esta columna, Carolina Borracchia, autora de "It's a match, cómo ganar la guerra del talento", destaca el fin de la sumisión del postulante a un empleo

Quienes buscan empleo ven a las empresas, a las marcas empleadoras, como potenciales fuentes de trabajo. Pero ya no tienen la actitud sumisa que tal vez tenían sus predecesores. Ponen a prueba a las marcas empleadoras. ¿Yo quiero trabajar ahí? Hay que dar motivos para que una persona se detenga a hacer un esfuerzo para entrar en nuestra compañía.


Es necesario tener en cuenta que la carrera se ve como algo personal, y ya no es tan importante hacer carrera dentro de una misma compañía. La tendencia es desarrollar la vida de una manera más modular. La pregunta, además de si quiero trabajar ahí, es si me conviene en este momento de mi vida.


Este cambio no se da sólo en el ámbito laboral. La sociedad está operando en muchos casos de esa forma. Antes todo era para toda la vida. Los productos de consumo eran duraderos. Los matrimonios eran irrevocables.


La competencia más fuerte de una marca empleadora no es otra marca empleadora, sino la vida misma. Hoy es perfectamente normal, por ejemplo, que a una persona le surja la posibilidad de irse de vacaciones con amigos y eso la haga faltar a una entrevista. Está eligiendo la certeza de una buena experiencia antes que la incertidumbre de obtener un trabajo. Esto en el viejo paradigma era impensable. Quiere decir que las oportunidades tienen que ser vistas, justamente, como oportunidades. No como meras vacantes. El objetivo es encontrar los mejores talentos que están en busca de esas oportunidades.


Generar una buena comunicación, sin prometer nada irreal y sin que la obtención de la recompensa sea una quimera. Hay mucho para mejorar en los procesos de selección. Sin embargo, no voy contra ellos, sino más bien contra la disparidad con la que el proceso de selección puede encararse. Hay que ser prudente y realista con lo que se ofrece. Del otro lado hay, una persona con sentimientos.


Por eso es importante generar experiencias win-win. Hacer que los candidatos se puedan llevar algo, puedan salir mejores que lo que entraron, porque todos sabemos que lo más probable es que no logren el premio mayor de ingresar. Siempre es necesario pensar que del otro lado hay una persona que valoramos, con pensamientos y sentimientos.


El candidato debe sentirse valorado porque es valorado, y esto en cada caso se manifiesta de maneras diferentes. Toda la idea es llegar a un encuentro entre la compañía y los candidatos: el matching. "Te cierra a vos, y me cierra a mí".


Cuando se da, la búsqueda se convierte al mismo tiempo en más fácil y más difícil. Más fácil porque hay más candidatos con el perfil que se busca, y hay que filtrar menos. Y más difícil porque los que quedan están más cercanos al perfil buscado. Será necesario saber elegir entre la abundancia. Y ése es el mejor de los problemas.


¡Es una seducción! Sí, es una seducción. Hay que salir a conocer gente, y encontrar candidatos adecuados. Después propiciar un encuentro en el que ambas partes ganen y entablar una relación en la que ambos deben sentirse privilegiados de tener al otro.


La actitud paternalista que tienen muchas compañías va en contra de toda seducción. Puede tener las mejores intenciones, puede haber funcionado en otros tiempos, pero ahora es vista como subestimación: tratar al otro no como a un par, sino como a alguien inferior.


Hay que entender que siempre la búsqueda es mutua. La actitud es "ellos me están entrevistando a mí, pero yo los estoy entrevistando a ellos".


Es el fin de la sumisión del candidato. Y creo que las compañías que no lo aceptan pierden a los mejores talentos de las nuevas generaciones.


Sostener el deseo

Siendo que cuando hay una oportunidad, una vacante, existirá una competencia que ganará uno solo, debemos sostener el deseo en todos. El objetivo es que los mejores candidatos estén cerca, y tengan ganas de trabajar en nuestra compañía. Pero no hay que tomar al trabajo aisladamente.


Lo que quiere esta generación es ser felices. Lo que queremos como marca empleadora, entonces, es conquistar a alguien que quiere ser feliz.


Estamos compitiendo contra la felicidad

En el viejo paradigma, se compensaba el tiempo de cada persona con dinero. Pero el dinero es sólo una componente que ayuda a obtener la felicidad. Si la manera de ganar dinero resta felicidad, quita valor a la marca empleadora. El que puede se va a ir a otro lado. Nos vamos a quedar sólo con los que no pueden irse, y eso no es bueno para nadie.


Tenemos que mostrarnos como un lugar donde la felicidad es posible. Un ámbito compatible con la vida, donde los que ya trabajan están contentos.


También tiene que ser un lugar accesible, con el que el candidato se pueda comunicar, donde las personas se puedan ver trabajando y siendo felices.

 

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